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El sonido de un cuarteto de cuerda siempre me ha resultado evocador. Casi da igual lo que esté interpretando. Es la sonoridad, la textura algo sombría y otoñal... Receta para una sonoridad de otoño: "Sechs Bagatellen" Se cogen las Seis Bagatelas de Anton Webern, se trituran en trocitos pequeños o medianos, se granulan, se samplean, se mezclan los trocitos, se les da la vuelta, se ponen del derecho y del reves, se agitan, se estiran, se encogen, se mezclan y remezclan, se los deja reposar unas horas y, al final de todo este proceso, los tres minutos que dura la obra de Webern se convierten en treinta... ¡o sea que he multiplicado por diez mi gozo sonoro! Se degusta en una tarde-noche de Otoño, bien abrigado, sentado en el sillón, mientras miramos por la ventana y a la luz de una chimenea (o en su defecto unas velas). Ya se que este tipo de sonoridades resultan insoportables a más de uno, lo entiendo, pero, oye, a mi me relajan... sí... me serenan y me dan un espacio (media hora en este caso) para la reflexión y la calma... en fin... el caso es que he disfrutado mucho haciendo una relectura de Webern en estas tardes de Otoño sombrías y algo tristonas... Salud. |