NYNPHAEUM

Los que somos ya un poco mayorcetes -o sea que pasamos de los cincuenta- nos iniciamos en los misterios del cuerpo femenino a través de las obras de arte. Era una muy bella manera de iniciarse, al menos mejor que hacerlo a través de la pornografía al uso hoy en día, creo yo, quizás me estoy haciendo viejo...

Uno podía ir a la biblioteca del abuelo y, a escondidas, con una linterna, ir revisando esas obras y esos cuerpos misteriosos, estáticos, eternos, recien descubiertos y que en algunos momentos parecían cobrar vida levemente, quizás parecian moverse y a veces, sin duda estimulada la imaginación  por el asombro y por el miedo a ser descubiertos, nos parecía ver una sonrisa que se esbozaba o el guiño de un ojo. Todo ello clandestinamente y bajo la luz de una linterna...




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